Tras un viaje de 32 horas...

La situación se resolvió con exito. Antes de llegar a Luanda ,Edu y Carlos hablaron con Mónica, supervisora de vuelo, que dijo que en principio no debería haber problema pero no daba total garantía y así al bajar del avión les dejó en manos de un coordinador que les acompañó a la cinta de equipaje, y por todo el aeropuerto y repetía en cada control - !transito, tránsito! - Eso sí, les dejaron más de una hora sin pasaportes... y en esa horita "se piensa de to". Al final pudieron facturar para el vuelo a Windhoek que curiosamente saldría una hora y media antes de la hora prevista. Pero que desilusión, a lo largo de la mañana la información en las pantallas de información se actualizaba poco a poco y con cada cambio también cambiaba la gate de 4 a 3 a 4 a 3 y al final a 4. Un grupo numeroso de chinos se les veía azarosamente de un lado para otro, locos con el jaleo del cambio de puertas.
Total, llegaron a la hora prevista en Windhoek pero no había nadie para recogerles porque Edu había avisado a la gente de la compañía de alquiler de coches que iban a llegar antes y resultó que el conductor se hartó de esperar y se marchó. Al final fuero en taxi al Urban Camp en Windhoek, un viaje de unos 40 kilómetros.