Edu y Carlos siguieron a Pinh. Antes habian repartido el contenido de las mochilas y todo lo necesario iba en una de ellas; la otra la recogerían a la vuelta del trekking en la agencia. Por el pueblo muchas lugareñas, tambien vestidas como Pinh, le hablaban y la saludaban y de pronto Edu y Carlos iban acompañados por tres mujeres más, Yo, Yen y Mo, que al parecer les acompañarían buena parte del camino. Mo era muy mayor, dijo tener sesenta, pero muy jovial. Sonreía a cada rato.
Carlos habia imaginado que con aquel tiempo los caminos estarían embarrados y se lo hizo saber a Edu, pero Edu iba feliz como un chiquillo, con la mochila al hombro no había obstaculos para él. Salieron del pueblo dejando atras humildes casas y el camino iba ganando en pendiente y estrechura. Pinh caminaba callada en primer lugar, seguida de Edu. A veces intercambiaba palabras en su idioma con las otras mujeres que iban detras de Carlos, que sonaban como una melodia agradable. El camino se hacía cada vez mas angosto y pedregoso y rezumaba agua como un arroyo, húmedo por algunos tramos y embarrado por otros. De repente, en una pendiente todo barro resbaladizo, Carlos se empezó a angustiar. Sus pies resbalaban como sobre mantequilla. Mo, la señora mayor tendía su mano y Pinh señalaba algunas huellas por donde pisar, pero a pesar de todo Carlos perdió el equilibrio y cayó, manchandose de barro. A duras penas se levantó y se revolvió.
-Si éste es el camino que nos espera durante 15 kilómetros me vuelvo atras.
-Tranquilo, tranquilo. Es solo barro, -decia Edu, mientras Pinh con mucha serenidad sacó su botellita de agua y vertía para que Carlos se lavara las manos.
Almorzaron en un lugar sencillo, pero la comida era buena. Había que continuar pues aun quedaba para llegar al lugar donde pernoctarían, y pocas horas de luz.
Deseando leer el desenlace...
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