Desde el aeropuerto de Hanoi hasta el centro tardó casi cuarenta minutos. El taxi costó casi como tres días de comida. Carlos bajó del taxi, puso la mochila al hombro, el glamour de la puerta de un hotel le deslumbraron y comenzó a subir la escalera.
-¿Dónde vas? Ahí no es, -dijo Eduardo, sorteando las tres motos que había en la puerta vecina. Carlos le siguió.
El hostal que Eduardo había reservado era sencillo, nada de lujo improvisado de Ho Chi Minh City.
El "lounge" del hotel (cuyo uso descubrieron más tarde) era un pasillo con unos pocos muebles: sillones y sofás de madera, una mesa con dos ordenadores, unas mesas bajas y un mostrador de recepción.
La persona que les atendió era muy amable, la habitación en la cuarta planta bastante pasable con baño privado, WiFi, el desayuno incluido y todo eso por el módico precio de cinco euros por noche por cabeza. ¡No está nada mal!
El cansancio rindió a Eduardo y Carlos durmió arrullado por el rumor de una bomba de agua. Por la mañana el canto del gallo de los vecinos les despertó.
-¡A desayunar!
-¿Dónde estará el comedor, Edu?
-Supongo que abajo, vamos a ver.
Al bajar la escalera y preguntar, el recepcionista les indicó que ocuparán los sillones en la recepción y enseguida comenzó a preparar el desayuno. Café, tortilla francesa, pan de molde, mantequilla, mermelada y unas rodajas de pepino y tomate: todo esto sacó de detrás del mostrador de la recepción.
La última mañana de la estancia en Hanoi Eduardo y Carlos se levantaron muy temprano para ir a una excursión a la Bahía de Halong y fueron a buscar su habitual desayuno. Así descubrieron dos usos más de aquel espacio mutifuncional. Una moto y un colchón de matrimonio que el recepcióñonusra se apresuró en recoger.
-¿Os habéis levantado muy temprano hoy?
-El gallo de los vecinos nos despertó, -dijo Eduardo tomando asiento.
El recepcionista colocó dos tazas de café encima de la mesa y empezó a buscar algo debajo del sillón. Eduardo se levantó y el recepcionista pudo acceder a una rampa metálica que servía para sacar la moto a la calle.
-¡Guau¡ Garaje, dormitorio, recepción, cocina, rincón de Internet, comedor, agencia de viajes... ¡Vaya espacio bien aprovechado!
Lucky Guesthouse
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