La señorita del masaje

Después de la cena nos quedamos con ganas de un postre y decidimos dar una vuelta por la zona de marcha nocturna de Ciudad Ho Chi Minh. Después del éxito que tuvimos durante el paseo - todas las chicas querían darnos un masaje - decidimos tomarnos un pastel en un parque próximo y aparece una chica (bueno, tia) dispuesta a darnos un masaje. Se sentó encima de Carlos. Eduardo pidió que les dejara en paz comiéndose el pastel. Ella dijo que no había problema, que podía esperar hasta que terminase nuestro postre y ella sería la guinda del pastel. Se puso a esperar con los brazos cruzados, sonriendo y así mostrando su reluciente dentadura de la que faltaba alguna pieza. La única alternativa que nos dejó fue darnos un beso en los moritos. De repente entendió por qué no estábamos interesados en sus encantos y se marchó sonriendo, llevándose un dedo a la boca indicando en este tema aquí hay que ser discreto.