Edu y Carlos abandonan el camping Ihaha. Se dirigen a Victoria Falls y tienen que cruzar la frontera pues las cataratas están en Zimbabwe. El camino hacía la salida del parque nacional de Chobe transcurre en gran parte por la Rivera del Chobe y se hace bastante ameno pues ven una multitud de bichitos: cerditos, chacales, búfalos, incluso un hipopótamo fuera del agua, cocodrilos y una multitud de elefantes. Ya en la frontera entregan pasaporte y parece que la cosa iba a ser rápida pero no. Un tipo amable con restas y gorra naranja les dice que tienen que pagar 145 dólares además de los 60 que ya habían pagado en inmigración, en concepto de impuestos y seguro por si el vehículo sufría avería y tenían que recogerlo en Zimbabwe. Esto sonó raro a Edu, la compañía Caprivi tenía un seguro y cubría esto además los países venían en mayúsculas. Hubo llamadas, Edu no lograba contactar con su móvil y el tal personaje se ofreció, llamó al número indicado por Edu e incluso se tomó la libertad de hablar él mismo con la operadora. Esto escamó a Carlos que, aunque no entendía la conversación en inglés, observaba como rellenaba nuestros papeles cuando nosotros sabíamos leer y escribir perfectamente. Por otra parte no llevaba uniforme oficial ni placa identificativa. Curiosamente los papeles de su empresa fueron sellados y firmados por las autoridades oficiales. Tras largo rato Edu pagó religiosamente y cruzan a Zimbabwe, convencidos de que les habían timado o algo raro había pasado, pero no estaban dispuestos a que ese asunto burocrático les amargara su viaje. Menos de una hora más tarde llegaron a Victoria Falls, una ciudad fea, cara y demasiado turística. Tras dejar el coche en el campsite decidieron dar una vuelta por el pueblo y almorzar. Vieron varios sitios, pero con pinta de que los iban a crucificar. Edu se fijó en un restaurante acogedor llamado Lola's Tapas & Bar, y a Carlos tampoco le pareció mal. El dueño debería ser andaluz por lo menos. Pero ooooh! Casualidades de la vida! Miraban la carta y los menús, cuando la dueña, María José, se acercó preguntando si les podía ayudar. Había un menú de cinco tapas 'afrohispanas' pero no sabían exactamente que eran, así les fue traduciendo... albóndigas, alitas de pollo, croquetas de impala, un pescado parecido a los chanquete pero muy salados, y gusanos fritos crujientes. Edu dijo que le gustaría volver a probarlos, así que nada pedir el menú. Mientras les servían entablaron conversación con María José. Carlos dijo que venían de Sevilla y que el nombre del restaurante le sonaba andaluz, pero la mujer dijo ser extremeña. ¡Qué casualidad, Carlos también! —¿De que pueblo? —De Castuera. ¡Qué casualidad, Carlos también! Todo fue muy entrañable. La paisana de Carlos promocionaba los productos de la tierra, el aceite de oliva de la Serena. Les presentó al marido, Catalán, muy amable. Les explicó algunas curiosidades del porqué Victoria Falls era una de las siete maravillas naturales del mundo. Edu saboreado sus gusanos y Carlos probó algunos; con un poco de imaginación podrían recordar los chicharrones de Cádiz. Un grupo local amenizada con su música el almuerzo; un cafelito atención de la casa. El momento emotivo fue cuando Maria José se presentó con unos amuletos, tradición de una tribu antigua de Zimbabwe, los ñami ñami, protector del cauce fluvial y símbolo del amor y para que se vuelva pronto a dicho lugar. Se los colocó en el cuello a Edu y Carlos, deseándoles buena estancia y augurando nuevo regreso.