Edu y Carlos pasaron la noche de nochebuena en el desierto. Hay una zona montañosa, Spitzkoppe, donde se recortan o más bien se moldean caprichosas formas. Parece como si las manos de un gigante hubiesen dado forma a grotescas figuras con arcilla. En realidad se trata de rocas graníticas de color rojizo, erosionadas por el tiempo miles de años Por la tarde fueron acompañados de un guía que les mostró lugares donde habitaron los Bushmen, tribus ancestrales, que dejaron sus dibujos en la roca. Las figuras de animales se adivinaban más que se veían. Al parecer cuando cazaban, mezclaban la sangre del animal con la clara de huevo de avestruz y con este pigmento dibujaban y daban cierta información de los animales de la zona a otros miembros de la tribu así como existencia de pozos de agua. También usaban estos huevos como recipientes para almacenar la escasa agua, los enterraban en la arena y señalaban el lugar con un palo para localizarlos.Ya de vuelta vieron en una de las grutas como una enorme grieta dividía la roca en dos como si de una obra faraonica se tratará y dos enormes troncos de árbol buscaban la luz en sus altas copas. De regreso decidieron hacer algo especial, una cena en el modesto restaurante del camping. Había que pedir con antelación y así lo hicieron. Mientras las chicas de color se afanaban en la cocina Edu y Carlos descansaban en sendas hamacas. El olor se percibía y era bueno. A las seis y media estaba la comida lista. Ternera con salsa de champiñones y patatas a la brasa. Una ensalada completaba el menú. Aquello sabía a gloria!. Llovía curiosamente, en el desierto esa tarde, según les dijo el guía, había llovido hacia un par de días después de dos años, y esa tarde víspera de navidad, también llovía. Oscureció Edu y Carlos volvieron a lugar de acampada. Hicieron un buen fuego, y recordaron donde habían pasado las últimas navidades. Y contaron historias con una taza de té caliente. El viento soplaba fuerte y las gotas de lluvia caían más gruesas, así que entraron en la tienda que era más acogedora. Pero el viento parecía que quisiera arrancar la tienda del techo del Toyota y la lluvia azotaba las paredes de lona y asi con ese rumor les venció el sueño.