Moremi

Antes de desayunar salieron en coche a buscar bichos en el parque. Por fin aparecieron las cebras. Estaban muy inquietas lo cual sugería que podría haber algún depredador cerca, pero Edu y Carlos no lo vieron.
A la hora del almuerzo llegaron los beduinos al camping. Todas las puertas y escotillas del coche estaban cerradas... salvo la mitad de la puerta trasera y allí fue donde un badouino grande metió la mano y robó una bolsa de plástico con los cereales, el azúcar y, lo que más sintió Edu, sus papillas de maíz con sabor a caramelo que eran la delicia de sus desayunos y a Carlos le hacía mucha gracia ver como las preparaba. Le recordaba a las papillas de los bebés. Todo ocurrió tan rápido que no dio tiempo de espantar al mono. Al final solo pudieron recuperar el bote de azúcar y la bolsa de cereales. Carlos dijo —esto va a la basura, este mono ladrón no va a saborear nada. Mas tarde volvió el badouino a buscar la bolsa pero Carlos cogió el palo y emprendió carrera tras el mono.
La exploración por la tarde fue bastante exitosa: vieron una familia de jirafas, cerdos verrugados y un grupo de pequeños monos. Carlos dormitaba en su asiento del coche, cuando de pronto Edu le despertó de un codazo —¡Un león!— y así fue como tuvieron el momento cumbre de la tarde. Hicieron una parada en el embarcadero de Mbora; un sitio precioso pero el precio de una excursión en barco era exageradamente elevado: 600 pula (60 euros) por hora por barco.