Edu y Carlos abandonan el Central Kalahari Game Reserve. A la salida en la oficina un empleado les despidió amablemente, pero antes les pidió alguna información de los animales vistos en la zona. Había un gráfico donde con alfileres de colores representaban las especies vistas. Eduardo pinchó orgullosamente su pin rojo, el del león. Por el camino habían visto una pareja, macho y hembra, apaciblemente dormitando bajo un árbol. ¿Es tan fiero el león como lo pintan?
Unos cuarenta kilómetros por pista arenosa y casi cien por carretera les separaban del nuevo destino, Makgadikgadi Pans National Park. Pasaron por el pueblo Khumaga. Carlos pensó que si realmente aquellas cuatro casas merecían el apelativo de pueblo. Por allí pasa un riachuelo y justo en la orilla opuesta el camping que lleva el mismo nombre. Para pasar a la otra orilla una rudimentaria balsa con su barquero que les pidió la pingüe cantidad de 150 pula (unos quince euros) y una botellita de agua fría. Carlos quedó perplejo cuando despues de la maniobra de equilibrio que tuvo que hacer Edu para subir el Toyota, el barquero paró diez metros mas alla de la orilla y dice a Edu que ya puede bajar que el resto del rio lo puede cruzar sin problema que no hay profundidad y así Edu tuvo que conducir unos metros por el agua en medio de las miradas espectantes de unos bañistas de color.
Alojados ya en el camping, en esta ocasión muy cerca de la entrada, tras el almuerzo deciden salir al encuentro de los animales. Siguiendo las recomendaciones de una negra que en la puerta dijo que, como había llovido mucho, los animales estaban en su habitad de costumbre. Sin embargo fueron cien kilómetros de ida y vuelta por caminos arenosos de dificil transito para nada. Ni un animal de lo prometido. !Sera cabrona la tia!