My Tho era otro punto de interés de la "Lonely Planet". Salvo el mercado flotante y una pagoda tampoco tenía mucho más, pero como Eduardo y Carlos saben sacar partido a todo y se meten en todos los berenjenales, después de cenar dispusieron dar un paseo.
Una música que salía de un centro deportivo con mucha animación de gente les llamó la atención. Así que entraron a echar un vistazo. Era una especie de tómbola pero de premio solo había packs de seis botellas de refresco. Alguien se acercó para ofrecer un cartón. Era un bingo. Pero Carlos estaba interesado en ver de donde salía esa música y esa voz tan vibrante. Había un escenario al fondo pero no veía a nadie.
-Mira, debe ser un karaoke, -dijo Carlos y se acercaron un poco más para descubrir con sorpresa de dónde salía esa torrencial voz. Una nube de humo casi no dejaba ver al artista del escenario. Era un pequeño hombrecillo de apenas un metro. No pudieron evitar la risa. ¿Cómo podía aquél pequeño hombre cantar de aquella manera?, ¿y ese dominio de escena?
-Mira, es Mý Ghêl Pò Bhęďa, -decía Eduardo sin parar de reír. Pero al pronto descubrieron que el centro de atención no era el escenario sino ellos. Sobre todo estaban fascinados con la estatura de Eduardo. Un montón de ojitos y caritas sonrientes les miraban. Así sin pretenderlo pasaron a ser el foco de atención de aquella fiesta, quitándole todo el protagonismo a Mý Ghêl.
Karaoke en My Tho
Viaje