El segundo día de la estancia en Hué tocaba visitar unas tumbas, dispersas por una amplia zona a las afueras de la ciudad. Alquilar unas bicis era una buena opción para desplazarse, así que Edu y Carlos tomaron sendas bicis y se mezclaron en la jungla de motocicletas con sus pi pi piiii... Uno de los accesos a la zona era una amplia avenida, dos kilómetros de largo y toda en obras, pero increiblemente no estaba cortada al tráfico. Así que Edu y Carlos fueron esquivando retroescavadoras, camiones, apisonadoras, peatones, motos y otras bicicletas. El día estaba lluvioso lo que complicaba un pelin las cosas; la calle estaba llena de baches charcos. Primer destino fue la Explanada de Nam Gran, donde en epocas pasadas se realizaban rituales y ofrendas. No fue muy espectacular: una amplia plaza en tres niveles rodeada de verdes pinares, y poco más.
La guía también marcaba un lugar mas lejano: la tumba de Minh Mang. Había que tomar una carretera rural, así que Edu y Carlos siguieron su camino. La lluvia aumentaba... empapaba las chaquetas semi-impermeables de Edu y Carlos (eran las mismas que habían comprado en unos almacenes en España, meses antes, al igual que los zapatos. Pero los lugareños de los que siempre hay que aprender son mucho mas prácticos y usaban unos ponchos, con los que se cubrían ellos y las motos. Algunos tenían una especie de ventanita transparente para permitir pasar la luz de los faros nocturnos.
Carlos de vez en cuando protestaba, calado hasta los huesos, sus gafas empañadas por el vaho y la lluvia. Pero Edu con sobriedad decía,
-El tiempo no lo he elegido yo y no nos ibamos a quedar en el hotel todo el dia.
Cruzaron un largo puente en la autovía por encima del Río de los Aromas. Su nombre, según la guía, por la vegetación de especies aromáticas. Hoy será aromático también? Carlos tenía sus dudas.
Con ayuda del GPS y el mapa en la guía llegaron a un punto cerca del enclave arqueológico. Había un pequeño establecimiento al lado de la carretera. Una chica salió al paso y en un inglés que Carlos no entendió dijo algo. Carlos pensó que ofrecía comida, pero Edu explicó que debían aparcar allí las bicis. Había un camino "peatonal" que conducía a la entrada del complejo a unos doscientos metros. En el templo había poca gente. Una explanada con muchas estatuillas de guerreros mandarines, caballos y elefantes daban acceso a la escalinata del templo. Un hombre que dijo ser periodista de una cadena de televisión china y trabajaba en un documental acerca del turismo en Vietnam se acercó. Como Edu hablaba estupendamente inglés le preguntaron si no le importaría ser entrevistado, a lo que accedió gustoso.
La lluvia no cesaba. Terminada la visita esperaron un buen rato pero al final decidieron caminar los doscientos metros que les separaban de las bicicletas.
Una sopa caliente en el establecimiento les reconfortaría. Mientras la chica preparaba la sopa en la cocina, Carlos quedó fascinado por unos enormes frascos encima de un mostrador. El contenido de uno de ellos era un ave de plumaje oscuro, retorcido en en el frasco, sumergido en un liquido amarillento. Se apreciaban las patas y el pico. Al acercarse percibió un olor agrio. Otro de los frascos contenía un reptil, una especie de lagarto gigante. ¿Era uno o varios? La falta de luz impedía hacer una determinación. El siguiente contenía serpientes, también en el mismo liquido amarillo. Carlos observaba, le parecía que aquellas serpientes podrían tomar vida en cualquier momento. cuando la sopa llegó a la mesa, Carlos comentó, -espero que la sopa no lleve ninguno de esos ingredientes.
Risas... la chica dijo que eran licores y que se bebe en algunas ocasiones y que podíamos probarlos.
-Mejor en otra ocasión, -dijo Carlos.
De regreso vieron otra tumba más. Está mucho mas antigua y menos cuidada. Como no paraba de llover y no merecía mucha la pena, la visita no fue muy extensiva.
Para evitar la calle que estaba en obras volvieron por otra ruta, por pequeños pueblos y unas carreteras sin asfaltar. Probablemente la ruta era hermosa, pero no se apreciaba mucho por las inclemencias del tiempo. Cuando volvieron al hotel estaban empapados. El personal y unos otros huéspedes del hotel se rieron al ver aquellos dos gatos ahogados.