En camas sobre ruedas a Sa Pa

Un golpe en la cancela del hostal interrumpió el desayuno de Eduardo y Carlos. Era el taxista encargado de llevarles a la estación del autobús con destino Sa Pa. El recorrido, aunque corto, duró bastante porque el taxista iba parando en varios hostales, intentando recoger a más pasajeros, pero sin éxito ninguno. Tenía una lista larga de direcciones y parecía una carrera entre taxistas por recoger turistas. Así que Eduardo y Carlos llegaron los primeros a la parada del bus donde no había nadie más que dos monjes tomando su desayuno: un paquete de galletas.
El autobús, muy reconocible por su iluminación psicodélica de leds azules, violetas y rojos, llegó después de casi media hora. Al subir el autobús los pasajeros recibieron una bolsa de plástico donde depositar los zapatos antes de acceder al interior.

En contra de lo que pensaban, el autobús "de lujo" no era exclusivo para las dos docenas de guiris que habían subido en el punto de partida. Vieron con sorpresa como el autobús paraba a menudo en plena autopista para dejar subir más pasajeros, todos ellos lugareños. Pronto incluso los pasillos se llenaron de gente. En una de las paradas en la autopista el autobús se puso en marcha atrás sin razón aparente... !un pasajero se habia quedado atrás! Afortunadamente resultó que incluso en Vietnam no todo esta permitido en el tráfico, pues dentro de unos segundos llegó la policía para multar el conductor.

Más de seis horas desde Hanoi en el psicodélico autobús donde por narices había que ir acostado y tapado con una manta. A veces la idea que tienen los vietnamitas del confort y de la estética es un tanto peculiar y llena de contrastes.