-Ya te había avisado, - dijo Eduardo a Carlos cuando finalmente retiró la máscara de oxígeno de su cabeza. Al lado de su asiento había tres azafatos de Emirates, una soportando el bote de oxígeno, uno rellenando formularios y la tercera dando vasos de zumo de naranja y galletas.
-Estás pálido como un cadáver, -dijo Carlos. -Tómate el zumo y ponte la mascarilla unos minutos más. Menos mal que me habías avisado porque si no me muero de susto.
Después de la comida, quedaban todavía más de seis horas de vuelo hasta Dubai, Eduardo y Carlos estaban charlando y Eduardo contó que algunas veces se ponía mal en los vuelos largos y hasta perdía la conciencia. Carlos no le dio mucha importancia y dijo -en este vuelo todo saldrá bien, no te preocupes.
Poco tiempo después Carlos había quitado sus zapatos y había cogido el sueño. Se despertó y vio a Eduardo, su cara blanco como la pared.
-¿Qué te pasa? -le preguntó, zamarreándolo por los hombros.
-Me encuentro fatal y creo que me voy a desmayar.
-¿Llamó la azafata? -preguntó Carlos, intentando calzarse los zapatos sin mucho exito.
-¿Pero que haces? ¿Por qué no usas el botón para llamar a la azafata?
Carlos no tenía ni idea de dónde podría encontra aquel botón. Menos mal que Eduardo todavía estaba vivito y coleando y le enseñó el icono de una azafata en miniatura en aquel sofisticado mando multifunción.
Los azafatos llegaron enseguida y le prestaron auxilio de forma muy profesional. ¡Enhorabuena Emirates!
Consternación en vuelo EK144
Viaje