Cañones

Edu y Carlos llegaron al punto más meridional del viaje: Ai-Ais. Después volverían al norte buscando Windhoek. Fue un largo camino a través del desierto: sierras peladas, llanuras despobladas de vegetación y una carretera recta que se perdía en el horizonte y parecía no tener fin. Unos kilómetros antes de llegar al mencionado lugar hicieron una breve parada en Cañon Road House. Edu ya lo conocía y merecía la pena verlo. Era una especie de lodge / camping / museo / tienda / bar / restaurante / gasolinera, muy simpáticamente imitando el estilo de la ruta 66: numerosos vehículos antiguos, parcialmente restaurados, otros casi desguazados, decoraban como monumentos de un nostálgico pasado aquél lugar. Camionetas, coches, remolques, incluso una ambulancias El momento cumbre, cuando Carlos fue a los servicios. Carteles de películas, colecciones de pegatinas y matrículas de coche poblaban las paredes. Un póster de una chica desnuda en una de las paredes y en la zona genital una caja de madera que ponía "caja de pandora" Carlos la abrió y observó un mecanismo eléctrico, y de repente empezó a sonar una alarma por todo el local, naaam naaam naaam..... Carlos cerró inmediatamente aquella caja, Edu reía. Mereció la pena tomar una Windhoek Draught y un café allí.
La noche de fin de año lo pasarían en el Ai-Ais Hot Springs Resort. Allí hay fuentes termales; el agua sale a 65 grados. Para la gran piscina circular han de mezclar el agua con la de una fuente fría. Hacía calor con lo cual el baño no era demasiado agradable; lo agradable era salir del agua y experimentar el viento un poco más fresco. El momento cumbre fue cuando Carlos, buscando un poco de frescura, fue a tomar una ducha. Uno de los chicos con los que habían coincidido en otros sitios salía con la toalla envuelto en una nube de vapor y en castellano le dijo —¡agua caliente o muy caliente!

El objetivo del siguiente día era hacer una parada para deleitarse con las vistas del Cañón del Fish River, el tercer cañón más grande del mundo (el primer lugar lo ocupa el del Colorado, luego uno en Sudáfrica). Se alojaron en el Hobas campsite y unos diez kilómetros más allá estaba el mirador. Las vistas eran espectaculares. Tomaron fotos, pero en una foto quizá no se puede apreciar la verdadera dimensión y las sensaciones que se experimentan ante aquél paisaje.